Kurusu Bartolo

by Admín - 14 de agosto de 2017

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Durante el gobierno del doctor Gaspar Rodríguez de Francia vivía en Villarrica del Espíritu Santo el padre Bartolo, o Pa'i Bartolo como se lo conocía.

El religioso, preocupado porque veía que la gente iba perdiendo las buenas costumbres, los exhortaba a que fueran virtuosos, recomendándoles las faenas de la tierra y de los telares de lienzo. De a poco, y gracias a la prédica del Pa'i Bartolo, la zona se convirtió en granero y región industrial de la República. 

Pa'i Bartolo viene de los campos sembrados. Ha estado hablando con los campesinos pero antes visitó a dos familias que se dedican al trabajo del tejido. Ahora está en el altar sudoroso pero feliz de haber llegado a tiempo para cumplir con su obligación. Las lecturas las hace el sacristán y Pa'i Bartolo se reserva el sermón. Habla Pa'i Bartolo del escaso interés que en la población despierta la palabra de Dios. Hace responsable de ello al gobierno, que difunde el materialismo y se olvida del alma de las gentes. Habla con pasión y devoción, convencido de que sus palabras transmiten la verdad.

Así es Pa'i Bartolo, un hombre apasionado. No son buenos tiempos para la iglesia en Paraguay, y por eso mismo hay que andar el doble, dice Pa'i Bartolo.

Algunos campesinos reconocen que el entusiasmo de Pa'i Bartolo es capaz de hacer brotar los almácigos más rápidamente. Las plantas crecen más rápido cuando cruza por las quintas con su paso inquieto. Los tejidos parecen avanzar el doble cuando él habla con quienes operan los telares.

Claro, esa inquietud, ese dinamismo, ese aceleramiento tienen un precio. Más de una vez lo ha visto el sacristán sofocado y ahogado en sus preocupaciones, pero rechaza cualquier tipo de ayuda. No más que un vaso de agua que a veces era insuficiente para salir del trance en que sus propios nervios le encerraban.

No se sabe bien cuando, pero Pa'i Bartolo un día olvidó el camino de la iglesia y un campesino tuvo que acercarlo... Otro día se le encontró divagando por el campo. Pa'i Bartolo empezó a hablar solo por las calles. La gente primero pensó que era producto de su natural forma de ser, pero cuando comenzó a pasar frente a sus conocidos sin dirigirles la palabra se dieron cuenta de que alguna grave enfermedad le estaba aquejando.

Los familiares de Pa'i Bartolo entonces decidieron hablar con el sacristán el cual confirmó sus temores. Decidieron llevarlo a su chacra y cuidarlo de que no salga pues todas las cosas se tornaban peligrosas ante el comportamiento que por su enfermedad demostraba. 

Pero cierto día de tormenta, el cura logró escaparse, marchándose a Rosado, un lugar cercano de la comarca. Para llegar allí, tenía que vadear un arroyo, cuyas aguas en ese momento estaban crecidas y furiosas por la tormenta. El Pa'i Bartolo, al intentar cruzarlo, murió arrastrado por la corriente. Los lugareños le dieron sepultura junto a aquel arroyo y señalaron el sitio con una cruz.

La cruz fue ganando fama de milagrosa y parece que escuchaba particularmente los ruegos de los campesinos que llegaban a pedirle que les enviara la lluvia. Tiempo después la cruz fue retirada y llevada a un oratorio que a efecto de adoración le había construido don Hilario Meaurio en su domicilio. Aún hoy se le adora cerca de allí y cada 3 de mayo, día de la cruz, se acostumbra a hacer el sabroso Chipa Kurusu. Cuando los campesinos acuden a ella ansiosos de lluvia para sus sembrados es infalible. El noveno día de la novena, según cuentan, la lluvia siempre llega.

Lo curioso es que cada tarde, entre cánticos y sones de tambores suelen llevar la cruz en procesión para darle un baño en aquel arroyo donde Pa'i Bartolo encontrara la muerte.